Debe haber pocos desafíos
más grandes para un jugador de elite que cumplir con las expectativas que ha
generado a través de su propio talento. Radamel Falcao, sin embargo, no
comparte esta opinión.
Cualquier uruguayo que ayer haya visto, aunque sea en
cuentagotas, el choque final de la Supercopa de Europa con el objetivo de
seguir de cerca al delantero colombiano, futuro rival de la Celeste, terminó
con la tarde arruinada.
En un estadio colmado de hinchas del Atlético de Madrid que
demandaban una revelación en cancha de la fe que tienen en su estrella
colombiana, a la que consideran a la par del Messi del Barcelona y el Ronaldo
del Real, Falcao regaló un exhibición de su habilidad goleadora.
De presión, Falcao sabe poco. Tres minutos demoró en demostrar
su olfato. La primera aproximación del "Aleti" fue por derecha, donde
su rival, un pálido Chelsea, daba todo tipo de ventajas. El centro de Adrián no
fue perfecto, pero Ashley Cole se confió al cerrar en el segundo palo. Falcao,
veloz, lo anticipó por la espalda. El balón fue al travesaño.
Diego Simeone sabe lo
que tiene en punta. Por esto deja que el "Tigre" juegue solo, arriba,
enloqueciendo a los centrales rivales, y arma un sólido esquema de volantes,
todos hábiles y veloces, para caer por sorpresa detrás de las avenidas que
Falcao genera con sus incansables desmarques.
Uno de sus brillantes movimientos sin pelota fue recompensado
con un preciso pase que lo dejó de cara al arco de Petr Cech. Lo que parecía
ser un error, un freno exagerado, resultó ser un cálculo. Falcao frenó y tocó
de izquierda por sobre el arquero, ajustado al palo, inalcanzable para David
Luiz que no llegó a cerrar.
Potente de piernas, con buena aceleración y una impresionante
capacidad de salto, el colombiano tiene todos los papeles para ser considerado
el mejor del mundo en su posición, algo que la prensa española se apuró en
hacer tras terminar el primer tiempo.
Es que en sólo seis minutos el "Tigre" ya había
cumplido. Pero el hambre de gol lo mantenía activo.
A los 18` encontró un fallo de la zaga inglesa que lo dejó
dentro del área y con pelota dominada, una ventaja excesiva. Cuando levantó la
cabeza la suerte estaba echada: su toque de zurda tuvo la comba perfecta hacia
el palo más lejano.
El peor escenario del Chelsea se había vuelto realidad. Falcao olió
la debilidad y continuó atacando. El palo le volvió a negar un gol -esta vez
fue un anticipo de cabeza, tras la pifia de un compañero- pero nada pudo evitar
el tercero, tras gran pase de Arda Turan, en otro mano a mano ante Cech
resuelto con clase y de zurda. El festejo, marcando los tantos con sus dedos,
era reflejo de una final cerrada, una exhibición en 45 minutos.
El segundo tiempo fue un paseo para el colombiano, que sólo se
exigió en un par de ocasiones en las que consideró lograr su cuarto tanto, pero
no era necesario y se retiró, ovacionado, a los 84 minutos.
Tras los festejos, Falcao enfrentará tranquilo el viaje a casa,
mucho más, sin duda, que los uruguayos que ayer decidieron verlo jugar.

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